Lo cotidiano como objeto admirable. Ana Belen Olivares Martínez


Consciente de estar al comienzo del camino, con esa mirada limpia de aventurera novata en una expedición científica del siglo XIX, toma Ana Vacas Martínez-Blasco sus herramientas: lo mismo transporta un microscopio electrónico de alta resolución, con el que penetrar en los dibujos imposibles de las bacterias, que un objetivo de obturación lenta para captar el segundo mágico en el que la vida cristaliza en una mirada.

Siempre ávida de emoción, cambia el enfoque de su cámara y secuestra manos entrecruzadas que señalan a su dueño. Trabajadas, preciosistas, sus obras muestran aquello que le interesa como fotógrafa: la naturalidad sin impostura del retratado, escaparate de la vida, tal y como ella la entiende, sin dobleces, intensa. De igual modo, escoge la periferia en sus paisajes y bodegones, que construye sobre los objetos más humildes y habituales. Atenta, tanto al objeto protagonista como al entorno que termina de darle sentido, convierte el ángulo menos visible de la realidad en una perspectiva original de lo cotidiano.

Desde pequeña demostró sensibilidad y ternura, pero es en su madurez cuando se desborda en su urgencia creativa; de la técnica musical a la pictórica, como si la vida fuera a desaparecer de un momento a otro, se agarra también a la tabla de los pinceles explorando la posibilidad de los colores más que de la forma, de la luz más que la de un tema concreto. En sus pinturas aplica técnicas diversas, aprendidas a su paso por la Escuela de artes y oficios de Caravaca, con el objetivo de materializar sus inquietudes: la naturaleza, lo fabricado, la humanidad…en definitiva, nada es ajeno a su curiosidad.

Sin mayor pretensión, sirva esta exposición, con lo que supone ex–poner-se a la mirada de los otros, para compartir con ella su ansia de vivir y, transformar, de la mano de la experiencia artística, el duro y feo momento que nos toca vivir.

Ana Belén Olivares Martínez